Hay gente que dice que el cantante de Manos de Topo canta como si estuviera a punto de echarse a llorar. Y es cierto. Al pobre, cuando uno lo oye y logra acostumbrarse su voz (y créanme, eso es un milagro), le dan ganas de acercarséle y decirle que ya está, que todo pasó, y que sin ella el mundo sigue adelante. Este tipo le echa una melancolía y unos lamentos a la voz que al más digno de los cantaores de flamenco le saltarían las lágrimas.

Pero antes del ricitos brokenheart de Manos de Topo teníamos a otro chavalín que deban ganas de achucharle entre los brazos y acurrucarle hasta que se quedara tranquilo. Hablo, ni más ni menos, que de Brett Anderson, el cantante de Suede, banda por muchos considerada como la iniciante de la movida britpop.

Este hombre, sobretodo en el disco Dog Man Star, tiene un deje lloroso, un nosequé quejumbroso que te apena el corazón. Por eso, cuando el día es feote y amenaza lluvia, me armo con mis cascos y mi iPhone y me entierro en los casi sollozos de Brett, creyéndome a girl who walks in the Asphalt World...